Nuestro siguiente destino fue la isla de Paros...
Es una isla de gran tamaño con hermosas playas de arena. Los cretenses la dominaron en la época minoica. Su capital es Parikia y es un clásico pueblo cycládico, con callejuelas, escaleras, flores, arcos y molinos de viento.
La iglesia de la Santísima Virgen Catapoliani es una de las basílicas paleo cristianas más antiguas de Grecia, edificada por Constantino, el Grande, por orden de Santa Elena, su madre. Al lado hay un pequeño pero interesante museo arqueológico.
Corazón, corazón de irremediables penas agitado,
¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.
Este poema fue escrito por Arquíloco de Paros hacia el 650 AC.
Paros tiene dos golfos naturales, el de Parikia, donde está la capital y el de Naoussa, del otro lado de la isla. Casas blancas típicas, puertas y ventanas azules coronadas por una iglesia y su cementerio. Desde este puerto cruzamos a una playa hermosa: Kolimbithres, con rocas blancas muy erosionadas. El mar verde azulado y transparente.
Conocimos también el interior de la isla, un pueblo de montaña: Lefkes.
Almorzamos en una terraza bajo la sombra de una vid cargada de racimos de uvas negras: mousaka y cordero al limón, y de postre yogur con miel.
Nuevamente en bus atravesamos la isla para conocer del otra lado: encontramos una playa angosta, arbolada, de piedritas y un mar transparente.
Las yogurterías nos tienta y una noche decidimos cenar este rico postre.
A la isla de Antiparos se llega con un ferry que sale de Pounda y se combina con un bus a Parikia.