sábado, 4 de mayo de 2019

Saliste de las entrañas del fuego

Después de recorrer otras islas de las Cícladas: armonía, calma, colores y líneas suaves... impacta la visión de Santorini. Toda la isla es un montón enorme de lava volcánica: rojo, negro, castaño, y el mar que vemos al llegar es de un azul intenso. Después nos enteraremos que tiene 300 metros
de profundidad, que es imposible echar las anclas ahí.

Saliste de las entrañas del trueno
escalofriándose entre las nubes arrepentidas
piedra amarga, padeciente, orgullosa...  
                                                   Odysseas Elytis 




Dicen que hace mucho estaban las islas Cícladas en el mar Egeo pero no estaba Santorini. Un día surgió desde el fondo del mar, se alzó, se secó y se pobló... pero otro día lejano la mitad de la isla colapsó y se hundió en el mar.
Dos mil años antes de Cristo en esta isla vivían hombres que sabían construir casas de dos plantas, producían aceite y quesos, plantaban trigo, hilaban, decoraban sus casas, tenían ganado ovino... Visitar el museo es una experiencia conmovedora; descubrir este centro urbano,  que estuvo oculto por cenizas durante miles de años, sobrecoge el corazón.


Estas ruinas se relacionan con la leyenda de la ciudad perdida de la Atlántida y se conoce como la Pompeya Minoica.

La isla quedó con forma de riñón, y en el centro, surgiendo del mar: la caldera, la boca del volcán.

El volcán siempre se manifestó, catorce erupciones desde el siglo II AC hasta hoy, la última en 1950, cuando un terremoto no dejó casi nada en pie.




                     Después de visitar el yacimiento arqueológico de Akrotiri, sumergirse en las aguas
profundas y azules de la Playa Roja es la mejor culminación del día.


La capital de Santorini es Thira o Fira y está suspendida sobre el precipicio que da al mar: 588 escalones, un paseo en burro o un teleférico unen estos dos puntos.
Bajamos los escalones por el camino de los burros y de los turistas que se animan a ellos para navegar hasta la Caldera y conocer de cerca a este tan activo volcán.







Catorce años atrás caminé con Lara sobre esa tierra volcánica, caliente en algunos sectores, observando las fumarolas que emiten humo con olor a azufre... No me impresionó menos esta vez. Además ver esa tierra yerma, las piedras tan negras y el color azul profundo del mar sacude el corazón. Y para completar la experiencia, dejamos la embarcación para nadar en ese maravilloso mar que se hace termal: caliente y amarronado.



Almuerzo en la isla de Tirasia mirando el Egeo... nunca cansándonos de mirar este mítico mar.




Puesta de sol en Oia, en el extremo norte de la isla.





















Una mañana salimos a caminar hacia el este y atravesamos la isla hasta una playa de piedritas. Las rocas formaban un paisaje marciano con el color de Talampaya, La Rioja.
Vimos casas abandonadas construidas como cuevas en las rocas.  Después de una larga caminata y un baño refrescante, un almuerzo frente al mar: ensalada griega, cornalitos y papas fritas.

Otro día salimos a conocer la antigua ciudad de Thera. La subida es casi vertical y tiene 3 km, el sol está muy fuerte para hacerlo caminando, así que un pequeño bus me lleva hasta la cima. Claudio decide quedarse en un café. 
La antiua Thera fue fundada en el siglo IX AC  pero los vestigios arquitectónicos pertenecen al período heleno-egipcio del siglo III AC.
El lugar es estratégico, así que se pueden reconocer ruinas helenísticas y romanas.







Desde la cima se ven las playas de Kamari hacia la derecha y la de Perisa, hacia la izquierda.






viernes, 3 de mayo de 2019

En casa de la famosa Venus

¿Qué Venus?   Estamos en Grecia, en una isla en donde en el siglo XIX un campesino encontró una bella escultura de mármol blanco y la vendió a Francia. Era Afrodita, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. 
Triple condena tuvo la probre: vive en un museo parisino, lejos del azul de Grecia; no tiene brazos (¿acaso llevaba en una de sus manos la manzana de la discordia?) y fue bautizada Venus por los romanos. 

¡Me entristece tu situación, majestuosa Afrodita de Milo!

Y a conocer tu tierra llegué ese septiembre de 2012.

Adamas es el puerto principal de la isla de Milo: típico barrio cycládico de casitas blancas coronadas por una iglesia. Sobre la costanera hay bonitos restaurantes y bares que a la noche se iluminan para tentar a los turistas y sobre el mar distintos barcos ofrecen su servicio para rodear la isla y conocer sus playas más alejadas.
A 15 minutos en bus se encuentra Pollonia, un pueblo pesquero con hermosas playas, por supuesto casitas del típico color blanco, y su pequeña iglesia bizantina: Agia Paraskevi, en lo más alto. 






Un paseo maravilloso: rodear la isla con el "kaiki" del Capitán Yiangos, bajo un cielo celeste que se confunde con el color del mar: Adamas, Plaka, Bani, Kalogries, Agathia, Triades, Ammoudaraki, Agios Ioannis, Sykia. 
La isla es de origen volcánico y tiene diversos minerales por eso se ven rocas de todos los colores: rojas, rosadas, blancas, negras, oxidadas y surgen del mar como si fueran los picos de una cordillera después de un diluvio.





 Una de las paradas para disfrutar del mar fue: Kletfiko. El mar entre celeste y verde, esas rocas  calizas blancas y el cielo azul ¡prodigioso e inolvidable!




Almorzamos en la isla de Kimolos, sobre la arena a pocos metros del mar.
Y seguimos recorriendo y disfrutando del paseo marítimo: Pollonia, Firopótamos, Arkoydes, Klima...







Al otro día fuimos a Plaka. Caminamos, siempre subiendo, hasta el Kastro desde donde se veía toda la isla. Del castillo queda poco, solo algunas paredes de piedra. Almorzamos en Plaka y luego bajamos por esas angostas calles de lajas hasta Trípiti: fuimos al viejo teatro en donde se encontró la famosa Afrodita de Milo, y a las catacumbas.
















Dejamos Milo no sin pena, pero Santorini nos aguarda...